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miércoles, 1 de enero de 2014

#26

Chica de ojos tristes.

Vives con una sonrisa pintada en la cara.

No sé lo que te pasa y no puedo ayudarte.

Te veo llorando cuando piensas que estás sola, te oigo llorar en la penumbra.

No pides ayuda, pero mientras tu risa y sonrisa niegan cualquier problema, las marcas de tu cuerpo gritan desesperadas.

Pequeña, ¿Quién te ha robado los sentimientos?

Te recuerdo mirando al mundo con esos grandes ojos soñadores, y recuerdo también el momento en el que se apagaron. Ese instante en el que ya no quedó una gota de inocencia, de alegría o de felicidad.

Todo se volvió gris.

Ya nada te hacía sentir, te entregaste al dolor y al alcohol, preferías sentirte mal a no sentir nada.

Chica de ojos tristes, ¿Conseguirás ser feliz?

domingo, 28 de julio de 2013

#23

Hoy os contaré la historia de una persona-
De una niña pequeña que solo quería ser feliz.
Le hicieron tanto daño que se prometió a si misma que nunca más dejaría que alguien viera su interior, porque siempre era eso la llama que encendía su infierno.
Se prohibió llorar, querer, o simplemente mostrarse.
Todo ello lo metió en la caja de "debilidades".
La pequeña niña creció, se equivocó, se resignó, siguió el camino que veía marcado en el suelo.
Después de un tiempo tiró todo por la borda, sus propias promesas quedaron en un rincón de su mente.
Volvió a confiar, a querer, volvió a caer en la misma piedra.
Quizás esta vez no era comparable a la anterior, todo era distinto, salvo en una cosa, volvió a sufrir.

El cómo podía cambiar, pero el fin era siempre el mismo.... el sufrimiento.

Ya no podía más.

No podía seguir sufriendo.
No podía seguir sola.

Ya nada podía hacer.


Ser fría, encerrarse, hacer a la soledad su compañera de viaje, no podía hacer más nada.

Que será de ella es algo que nadie sabe.
Se dice que vive con miedo de volver a sentir.
De probar esa droga y no poder dejarlo. 

viernes, 16 de noviembre de 2012

#4

Al borde de la muerte todo se veía diferente.
Mientras miraba al horizonte sus piececitos jugaban en el borde de aquella azotea.
A esa altura su vida quedaba reducida a arena que se iba con el viento.
En ese segundo
El amor se volvió solo cuatro letras dispuestas al azar, un juego, una mentira, incluso creyó oír la risa del destino y su aliento en la nuca.
Recorrió mentalmente los momentos amorosos que había vivido y lo único que vio fue desesperación, de no estar sola, adicción a su cuerpo entrelazándose con otro.
Descubrió la cara del miedo, vio como le guiñaba un ojo, lo descubrió en todas sus fotos familiares, en sus amistades y en su intimidad.
La felicidad quedo rezagada de su memoria y solo al final de ese segundo apareció, aunque era difícil de descifrar, como si la ocultase una densa niebla.
Soltó su última carcajada al verse detrás de la niebla de la felicidad y saltó.
Todo lo que se supone importante quedaba reducido a palabras, con esa facilidad se esfumaba.
Lo único que no se tiñó de rojo en aquella calle fue su sonrisa.