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jueves, 20 de febrero de 2014

#28

Solo un paso más...

El fin de tu sufrimiento está ahí, tan cerca y a la vez tan lejos.

Un paso más...

Y se acabaría todo.
Estas harta.
Solo conoces dos sentimientos, el primero, la falta de ellos, ¿Estás viva? A veces te empujo para que reacciones, para que abras los ojos, ya no sé que hacer cuando estás así, me estoy quedando sin opciones.
Cuando te miro dudo que corra la sangre por tus venas, siempre tan fría, siempre tan distante.

Y de repente vives, y te duele, y solo sufres, y solo lloras, y los latidos se hacen más sonoros, cargada la sangre de veneno.
Gritas.
Le dices a tu corazón que pare de bombear ese veneno, que no lo quieres.
A veces te miento, aunque sepa que conoces todas mis mentiras.
Muchas veces te digo que todo mejorará, que llegará el momento en el que no te envenenaras, te acaricio la cabeza y susurro promesas vacías.
Pero si el veneno lo tienes dentro de ti, en tu casa, en tu alrededor, ¿Qué puedo hacer?

Tan solo un paso más...

Miras hacia abajo, ante ti un precipicio.
Un paso más y podrás descansar para siempre, adiós a esos sentimientos.

Tienes miedo, lo sé, te escapas de mis manos, y te quedas ahí, mirando ese precipicio.
Cada vez todo es más difícil, no sabes ni quien eres, ni siquiera eres capaz de pensar que es a ti a quien le pasa todo eso, siempre hablas como si todo esto le pasará a una tercera persona.

No puedes, no puedo.


viernes, 16 de noviembre de 2012

#4

Al borde de la muerte todo se veía diferente.
Mientras miraba al horizonte sus piececitos jugaban en el borde de aquella azotea.
A esa altura su vida quedaba reducida a arena que se iba con el viento.
En ese segundo
El amor se volvió solo cuatro letras dispuestas al azar, un juego, una mentira, incluso creyó oír la risa del destino y su aliento en la nuca.
Recorrió mentalmente los momentos amorosos que había vivido y lo único que vio fue desesperación, de no estar sola, adicción a su cuerpo entrelazándose con otro.
Descubrió la cara del miedo, vio como le guiñaba un ojo, lo descubrió en todas sus fotos familiares, en sus amistades y en su intimidad.
La felicidad quedo rezagada de su memoria y solo al final de ese segundo apareció, aunque era difícil de descifrar, como si la ocultase una densa niebla.
Soltó su última carcajada al verse detrás de la niebla de la felicidad y saltó.
Todo lo que se supone importante quedaba reducido a palabras, con esa facilidad se esfumaba.
Lo único que no se tiñó de rojo en aquella calle fue su sonrisa.

martes, 13 de noviembre de 2012

#2

Cogió el cuchillo y se acerco al cuerpo que esperaba atado en el centro de la pequeña sala.
Sabía lo que iba a suceder, ya conocía cada palabra, cada grito que se sucedería.
No era la primera vez que lo hacía, y no sería la última.
Cada paso que le acercaba a su víctima hacía que su corazón latiese con fuerza, lo único que conseguía ello.
Contemplo unos segundos el cuerpo desnudo que se postraba a su lado, parecía que por fin se estaba despertando.
Despertó, y el subidón del momento le hacía recordar porque seguía haciendo aquello.
Vi el miedo, un miedo que casi se podía tocar.
Recorrió su cuerpo con el cuchillo, poco a poco, haciendo que se clavase en algunas zonas.
Después de un tiempo, en el que los segundos dejaban de correr, las horas se detenían, y el tiempo esa solo una palabra que se escurría entre el cuchillo y al carne.
Sonrió cuando vio como la mirada de su "víctima" cambiaba, ya no encontraba el miedo, ese terror de no saber que sera lo que venga, ahora encontraba suplica, de que no parase, que no detuviese el cuchillo, y fue en ese instante en el que paro, quería oír como suplicaba que continuase, como se arrastraba por un poco más, por solo unos segundos más. Sabía que lo haría, todos lo hacían, todos suplicaban.
Se río, y le dejo solo, se fue sin mirar atrás.
Cada día el ser humano le daba más asco, pena, risa.