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sábado, 13 de julio de 2013

#21

En aquel silencio aun se podía oír el eco de lo que en otro tiempo fueron risas.

Aun ahora, la añoranza se apodera de mi al recordar lo que eramos.
¿Qué que eramos? aun es el día de hoy que no lo sé.
Lo que sí sé es que las canciones solo cobran sentido si pienso en ti, que me acuerdo de lo momentos en los que se nos abrieron todas las puertas y como las fuimos cerrando.
Las cerramos una a una, lágrima tras lágrima, sufrimiento tras sufrimiento.
Las tardes de comida rápida y las noches de helado donde solo teníamos un colchón en medio de una habitación. Las películas. Los besos. La felicidad. 
Todo ello quedaba tras esas puertas ya selladas.

Esa misma habitación fue testigo de nuestros gritos, de los objetos rotos, de las lágrimas de ambos, de nuestros errores.
Al encontrarnos para llevarnos nuestras cosas nos dimos de cuenta de que nos queríamos, de que eso no era suficiente, de que no encontraríamos a nadie que nos quisiese más.
Nos abrazamos y nos besamos por última vez.
En ese momento me dijiste que no me fuera y yo te dije que yo me quedaría si tu también lo hacías.

Nos fuimos ambos, la habitación quedo vacía, el único recuerdo de todo lo sucedido quedó tras esa puerta.

Lo peor fue darnos cuenta de que el mundo no se acababa, de que no podíamos echar la culpa a nadie.

Nos rompió, pero no nos destruyó. 


Ambos esperábamos y deseábamos que nos destruyera.
Pero la vida continuaba.
Lo que pensábamos que era amor en verdad solo era cariño.
Conocimos a gente, cambiamos, superamos obstáculos.

Aun deseo que todo aquello nos hubiera destruido.
Hubiera sido más sencillo eso que aceptar la realidad.
Saber que lo que consideras el fin del mundo en verdad solo era un pequeño paso para continuar con tu vida.

No hubo ningún final, solo un comienzo.

lunes, 25 de marzo de 2013

#13

En el mundo donde todo estaba programado los sentimientos eran innecesarios.
¿Por qué alguien debería de enamorarse?
Ahora todo era perfecto, cuando llegabas a los 19 años te asignaban a un autómata para crear la ilusión de no estar solo.
No había ninguna prohibición acerca del amor, simplemente el mundo dejo de creer.
O mejor dicho, tenía miedo a volver a creer, se había creado una generación de cobardes, pero nadie les podía culpar. ¿Cómo culpar a las personas que no querían sufrir? Está claro que todavía quedaban los eternos románticos, en busca del amor, en el cual podía invertir toda su vida.
Los llamaban necios, ilusos y que no vivían en la realidad.
Para la gran mayoría de la población la realidad se había convertido en maquinaria.
El tic-tic-tic del reloj había sustituido el pum-pum del corazón.
La maquinaria era perfecta, sustituyendo las imperfecciones de las personas, las lágrimas eran algo del pasado, ahora solo quedaba la calma, todo era eliminado de la sociedad.
Nadie estaba triste, nadie era feliz.
Oh, el progreso....

domingo, 17 de febrero de 2013

#12

Indiferencia.
Aquellas doce letras le recorrieron la columna. La sacudida que le provoco la destrozó.
No sabía que quería, pero sabía que aquello no.
No deseaba su amor, no aguantaría su desprecio, no quería que la recordase, anhelaba que no la olvidase.
Le destrozaría saber que su sonrisa seguía en su cabeza, le rompería averiguar que había sido sustituida por otros ojos.
Aspiraba a un hueco en su memoria, lloraba al pensar que quizás él no seguía adelante.
Pretendía ser la persona que le diera significado a sus canciones.
Tentó a la fortuna, y está, caprichosa, le rompió su mundo, sus contradicciones.
Nada tenía, y nada se merecía.
Solo indiferencia, y confusión.
Nada sabía, nada entendía.
¿Qué quedaba?
La indiferencia se transformo en rencor, el rencor en dolor, el dolor solo llevó a la desesperación
Sin saber como aquel que gritaba a los cuatro vientos su indiferencia, susurraba su amor.

Y ella ya no podía más, desechó los sentimientos, se cansó de jugar con aquel veneno.
Se colocó un corazón artificial y se desprendió del real, o mejor dicho, acepto que el real lo tenía otra persona, un ser indiferente, que la amaba y la odiaba, que no sabía que sentía, que tenía el corazón en su mano derecha y era desconocedor de lo que llevaba.

Pero la vida continuaba, y ellos con ella, sin saber nunca a ciencia cierta que consecuencias tenían sus actos. Que cada acción tenía su reacción. 

sábado, 2 de febrero de 2013

#11

Era el sonido que calló un beso.
Era el beso que llevo al amor.
Aquel amor, llevado por una ilusión, por un hechizo, por un para siempre.
Su para siempre, su promesa.... su fallo.
Aquel fallo que cometería mil veces, era el dolor que anhelaba, las lágrimas que le sacaban la respiración.
Era su miedo, su amor, su dolor, su felicidad, le daba la vida y le acercaba la muerte.
Las lágrimas al borde del abismo solo podían reflejar su sonrisa, la cual, como el filo de un cuchillo rasgaba la noche, la luz, el sentido.
Aquel sentido que se derrumbaba al contacto con su piel.
Aquella verdad solo susurrada, aquella certeza lastimera.
Saber que su libertad quedaba reducida a la nada, que ni siquiera podía controlar su cuerpo, ella era la dueña de él.
Su felicidad atada a su sentir.
Se había enamorado de su peor pesadilla, se había atado a la arpía.
Su fin, su inicio.
Un para siempre era fácil de cumplir y acabar.
Se acabó.
La flor se marchitaba, como la vela se consumía, su para siempre terminó.
La arpía se convirtió en la que lloraba y mientras los sentimientos continuaban su danza macabra el fin de un juego daba inicio al siguiente.
Nuevas normas, nueva trama, mismo final.

viernes, 7 de diciembre de 2012

#7

Los moratones aun estaban su piel, aquella que una vez no había tenido ninguna imperfección.
En su cara aun quedaban manchas de sangre de cuando él le rompió el labio, su mejilla tenía la marca de su "amor", su ojo derecho aun no se podía abrir completamente.
Y lo que más le dolía, el daño que le había producido psicológicamente, esas que nunca curaría.
Sabía que nunca podría llegar a confiar en otra persona, que cada vez que alguien hiciese un movimiento en seco, temblaría de miedo.
Pero por primera vez en mucho tiempo una pequeña sonrisa asomo, casi se había olvidado de como se sonreía.
Esa sonrisa iba aumentando conforme se fijaba más en lo que tenía en la mano derecha.
Poco a poco fue alzando lo que estaba agarrando para verlo con mejor.
Contemplo aquello que durante tanto tiempo la había aterrado, su mayor miedo convertido en nada, en menos que nada.
Todo había sido más fácil de lo que nunca se pudo imaginar, solo un golpe, con eso hubiera bastado, pero no podía ser tan considerada, después de años y años de él amándola de esa forma ella tenía que recompensarle por igual.
Se escucho un ruido cuando soltó lo que su mano sostenía, y salpico un poco de sangre a las paredes.
Salió de esa habitación con tranquilidad, notando esa tranquilidad con la que había soñado.
Cerro la puerta con llave, y comenzó una nueva vida.

viernes, 16 de noviembre de 2012

#4

Al borde de la muerte todo se veía diferente.
Mientras miraba al horizonte sus piececitos jugaban en el borde de aquella azotea.
A esa altura su vida quedaba reducida a arena que se iba con el viento.
En ese segundo
El amor se volvió solo cuatro letras dispuestas al azar, un juego, una mentira, incluso creyó oír la risa del destino y su aliento en la nuca.
Recorrió mentalmente los momentos amorosos que había vivido y lo único que vio fue desesperación, de no estar sola, adicción a su cuerpo entrelazándose con otro.
Descubrió la cara del miedo, vio como le guiñaba un ojo, lo descubrió en todas sus fotos familiares, en sus amistades y en su intimidad.
La felicidad quedo rezagada de su memoria y solo al final de ese segundo apareció, aunque era difícil de descifrar, como si la ocultase una densa niebla.
Soltó su última carcajada al verse detrás de la niebla de la felicidad y saltó.
Todo lo que se supone importante quedaba reducido a palabras, con esa facilidad se esfumaba.
Lo único que no se tiñó de rojo en aquella calle fue su sonrisa.

martes, 13 de noviembre de 2012

#3


En ese instante el mundo pareció detenerse.
En la oscuridad de la noche una luz cayo del cielo. Más de una persona observo como ocurría y sin embargo poca gente le hizo caso.
La estrella fugaz pareció recorrer todo el firmamento antes de decidirse a caer en un pequeño charco cerca de la villa donde vivía Broom.
Era un hombre que vivía todos los días como si fueran el último y que su única meta era conseguir algún día sentir aquello que muchos denominaban amor.
Quizás por el destino, por el azar o por la suerte esa noche se encontraba suficientemente cerca para oír el estruendo que causo la caída de la estrella fugaz, así que se acerco para ver de donde provenía.
Lo que vio le helo la sangre, el pequeño charco en el que había caído la estrella fugaz se empezó a deformar creando figuras imposibles hasta que de repente, vio como un pequeño árbol surgía del centro. Tenía el tamaño de un bonsái, pero con una estructura dorada que le hacía resplandecer.
Broom se iba maravillando conforme se le pasaba el miedo inicial, se metió en el charco para acercarse al pequeño árbol, en el momento que se acerco a él y lo tocó,  desapareció.
Aun lo buscan en la villa y ¿ Queréis saber donde está?  Pues ya sabéis, cuando os encontréis con un árbol así acercaos, pero solo si no os da miedo el lugar a donde os puede enviar. Lo único que se supo de Broom fue una carta que llegó escrita en tinta dorada en la que escribía que por fin sabía lo que era sentir amor.