domingo, 9 de febrero de 2014

#27

Empiezas la carrera hacía un mundo mejor.

No un buen mundo, solo uno mejor, uno en el que puedas ser alguien, sentirte viva, e incluso, a veces, sentirte bien.

Coges carrerilla y te dispones a saltar, al vacío. Conozco lo que pasa por tu cabeza, lo haces porque no te queda otra forma de hacerlo.

Has conseguido salir de toda la basura en la que te has metido, sabiendo que era tu obligación, ya que, ¿Acaso no te habías metido tú solita ahí?

Y ahora...sal...de lo que se apodera de ti, elimina la ponzoña que se extiende por tu cuerpo.


Y de repente, miras la fechas, esos números que forman un día, un mes, un año.
                                                                  Ojalá no lo hubieras hecho.

Los recuerdos pasan por tu mente, como una película.

Es increíble como, a veces, los mejores recuerdos son los que más daño hacen.

Una risa malvada comienza a sonar dentro de tu cabeza, ¿Acaso no has sido tú misma la que te has inyectado ese veneno? ¿No fuiste tú quien comenzó en estas fechas algo que se le fue de las manos?

¿No rozaste la felicidad, acariciaste la seguridad, para después lanzar un puñal en el centro de las cosas buenas?

Sé que vas a volver a tu carrera por algo que piensas que mereces, ser feliz, pero, ya si eso, la próxima semana.

miércoles, 1 de enero de 2014

#26

Chica de ojos tristes.

Vives con una sonrisa pintada en la cara.

No sé lo que te pasa y no puedo ayudarte.

Te veo llorando cuando piensas que estás sola, te oigo llorar en la penumbra.

No pides ayuda, pero mientras tu risa y sonrisa niegan cualquier problema, las marcas de tu cuerpo gritan desesperadas.

Pequeña, ¿Quién te ha robado los sentimientos?

Te recuerdo mirando al mundo con esos grandes ojos soñadores, y recuerdo también el momento en el que se apagaron. Ese instante en el que ya no quedó una gota de inocencia, de alegría o de felicidad.

Todo se volvió gris.

Ya nada te hacía sentir, te entregaste al dolor y al alcohol, preferías sentirte mal a no sentir nada.

Chica de ojos tristes, ¿Conseguirás ser feliz?

sábado, 5 de octubre de 2013

#25

Y todo mi ser vibró por un segundo, para después....explotar.

Ya no había barreras, murallas, campos de fuerza, ya no había nada, solo dolor, sufrimiento.
Los estoy bien se han transformado en huracanes que no dejaban nada intacto a su paso, las lágrimas ya no conocen contención, se desbordan en el límite de la cordura.

El pecho restalla, la agonía se abre paso.
Con sus garras me abre en canal.
Deja abierto mi ser.


Cada respiración conlleva una guerra en mi interior.
¿Quiero seguir con esta amargura?

Y todo da vueltas, la realidad se trasforma en palabras, sonidos que al salir de mi interior me cortan como cuchillas, no tienen piedad, solo desean ver mi fin.

Grito, le grito al mundo que ya no puedo más.
Nadie escucha, nadie atiende mi ruego, mi súplica, solo los brazos de la soledad me recogen, me llevan a su hogar.

Lo ves a lo lejos, lo sabes, ahí está la verdad innegable. 

Solo la Señora de la guadaña puede hacer que tengas un buen final, que todo acabe, es la única que puede parar ese circo infernal, ahí está, siempre aguardando tú visita, cada día más cercana.
Esa verdad es casi más dolorosa que las palabras, que la realidad.

Espera siempre su beso...

sábado, 3 de agosto de 2013

#24

Intenté ir a Oz y me perdí por el camino.
Ahora tendré que vivir en un camino de baldosas 
punteando mis botas rojas, sin encontrar un camino de regreso a casa.

Saltaré los charcos que me encuentre y en los momentos en que necesite ser normal me taparé con mi paraguas, el cual hará que nadie vea mi cara, mis lágrimas.
Cuando esté sola, cuando nadie observe, apartaré el paraguas, miraré hacía el cielo y seré feliz, siendo yo.

¿Quién soy yo?

Aun no pude descubrirlo, porque siempre que estoy a mitad de camino, recorriendo baldosas, buscando brujas despierto en la cama, y todo se borra.
Algún día, buscaré mi propio camino, quizás camino al olvido. 

Todo camino tiene un final, solo he de encontrar el mio.

domingo, 28 de julio de 2013

#23

Hoy os contaré la historia de una persona-
De una niña pequeña que solo quería ser feliz.
Le hicieron tanto daño que se prometió a si misma que nunca más dejaría que alguien viera su interior, porque siempre era eso la llama que encendía su infierno.
Se prohibió llorar, querer, o simplemente mostrarse.
Todo ello lo metió en la caja de "debilidades".
La pequeña niña creció, se equivocó, se resignó, siguió el camino que veía marcado en el suelo.
Después de un tiempo tiró todo por la borda, sus propias promesas quedaron en un rincón de su mente.
Volvió a confiar, a querer, volvió a caer en la misma piedra.
Quizás esta vez no era comparable a la anterior, todo era distinto, salvo en una cosa, volvió a sufrir.

El cómo podía cambiar, pero el fin era siempre el mismo.... el sufrimiento.

Ya no podía más.

No podía seguir sufriendo.
No podía seguir sola.

Ya nada podía hacer.


Ser fría, encerrarse, hacer a la soledad su compañera de viaje, no podía hacer más nada.

Que será de ella es algo que nadie sabe.
Se dice que vive con miedo de volver a sentir.
De probar esa droga y no poder dejarlo. 

sábado, 20 de julio de 2013

#22

Se comenzó a escuchar el sonido de unas alas batiendo.

Aquella criatura bajó la mirada, era allí donde tenía que estar, lo sabía.
Una especie de pies tocaron el suelo, acercándose a un cuerpo tirado, en aquel paraje desolado.
Siguió andando hasta quedar a su altura, sin importarle que la sangre aún fresca le manchase los pies.
El por qué estaba muerto no le importaba, él solo tenía que llevarlo a otro lugar.

Pero antes de llevarlo observo la belleza de lo que contemplaba.
Los humanos eran hermosos, y todo lo hermoso era frágil.
Creía poder escuchar la piel marchitarse cual flor.
Como el corazón bombeaba por última vez.
Aquello ojos que en el algún momento habían sido de un intenso color ahora estaban blancos.

Se acabó la función, recogió su alma, se fijó en la etiqueta que llevaba, al parecer su sufrimiento solo acababa de empezar, le quedaba toda la eternidad y su muerte solo era el principio de un mundo de horrores.

sábado, 13 de julio de 2013

#21

En aquel silencio aun se podía oír el eco de lo que en otro tiempo fueron risas.

Aun ahora, la añoranza se apodera de mi al recordar lo que eramos.
¿Qué que eramos? aun es el día de hoy que no lo sé.
Lo que sí sé es que las canciones solo cobran sentido si pienso en ti, que me acuerdo de lo momentos en los que se nos abrieron todas las puertas y como las fuimos cerrando.
Las cerramos una a una, lágrima tras lágrima, sufrimiento tras sufrimiento.
Las tardes de comida rápida y las noches de helado donde solo teníamos un colchón en medio de una habitación. Las películas. Los besos. La felicidad. 
Todo ello quedaba tras esas puertas ya selladas.

Esa misma habitación fue testigo de nuestros gritos, de los objetos rotos, de las lágrimas de ambos, de nuestros errores.
Al encontrarnos para llevarnos nuestras cosas nos dimos de cuenta de que nos queríamos, de que eso no era suficiente, de que no encontraríamos a nadie que nos quisiese más.
Nos abrazamos y nos besamos por última vez.
En ese momento me dijiste que no me fuera y yo te dije que yo me quedaría si tu también lo hacías.

Nos fuimos ambos, la habitación quedo vacía, el único recuerdo de todo lo sucedido quedó tras esa puerta.

Lo peor fue darnos cuenta de que el mundo no se acababa, de que no podíamos echar la culpa a nadie.

Nos rompió, pero no nos destruyó. 


Ambos esperábamos y deseábamos que nos destruyera.
Pero la vida continuaba.
Lo que pensábamos que era amor en verdad solo era cariño.
Conocimos a gente, cambiamos, superamos obstáculos.

Aun deseo que todo aquello nos hubiera destruido.
Hubiera sido más sencillo eso que aceptar la realidad.
Saber que lo que consideras el fin del mundo en verdad solo era un pequeño paso para continuar con tu vida.

No hubo ningún final, solo un comienzo.